Un test de dos minutos pide algo que una ráfaga corta no pide: paciencia. En los primeros treinta segundos casi todo el mundo escribe rápido. Hacia el final del primer minuto las manos se cansan un poco, la mirada se distrae y se cuelan pequeños errores.⏎
La forma de superarlo no es presionar más fuerte. Consiste en mantener la velocidad del principio y leer unas palabras por delante. Cada frase es solo una frase más, y cada palabra ya la has escrito antes.⏎
Este ensayo no se califica. Úsalo para sentir cómo son dos minutos. Fíjate en dónde baja tu velocidad y en dónde se va tu atención. Fíjate también en cómo una corrección tranquila te mantiene en movimiento, mientras que una corrección nerviosa te cuesta varias palabras.⏎
Cuando se acabe el tiempo, mira tu resultado y hazte una pregunta: ¿fue el segundo minuto tan constante como el primero? Si es así, ya puedes hacer el test final. Si no, repite el ensayo antes de seguir. No hay ninguna prisa.